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Gardel y la independencia cultural





esde la escuela elemental hemos considerado la Independencia como un hecho histórico, consumado en 1816. A casi doscientos años, en medio del conflicto que comenzó siendo agropecuario y hoy nos atañe a todos, renacen los valores de federalismo, soberanía y patria que permanecían adormecidos.
En los últimos meses vemos flamear innúmeras banderas como sólo sucedía durante los mundiales de fútbol. Afortunadamente, su significado es otro. Nos asombra el fervor patriótico de gauchos ajenos al academicismo que ostentan el único título de “gringo chacarero” y entonan el Himno Nacional con una emoción que nos conmueve. Resurgen, con aquel “Grito de Alcorta” (1), los que dieron todo por esta tierra.

Este Nueve de Julio es, por tanto, diferente: incertidumbre y esperanzas se conjugan en un sentimiento argentino que nos compromete a una participación responsable y honesta.

Este Nueve de Julio es diferente porque nos lleva a replantearnos la Independencia. Prescindimos en 1816 de la Madre Patria, pero comenzamos a formar parte de otros colonialismos: monedas extranjeras, mercado bursátil, consumismo yanqui, FMI, globalización y cadenas culturales que lejos están de romperse. A casi doscientos años comprendemos que aquello no fue un logro definitivo sino sólo el comienzo de un arduo trabajo que nos compete a todos, generación tras generación.

Si ser independientes significa “no necesitar de nadie”, debemos admitir que no lo hemos logrado.

Si acaso fuera “que nadie nos manda” debemos responsabilizarnos por haber permitido presiones y condicionamientos innecesarios.

Si significa “ser nosotros mismos”, debemos primero preguntarnos quiénes somos.

Somos un “crisol de razas” y “venimos de los barcos”. Entre 1870 y 1914 el flujo migratorio multiplicó en más de cuatro la población total del país y la impronta de cada una de esas culturas fue forjando la nuestra. “Nos enriquecieron” según algunos, “nos contaminaron” al decir de otros, pero todas las colectividades nos enseñaron algo. Aquellos extranjeros nos dieron, entre otras cosas, una expresión musical y poética que habría de representarnos en el resto del mundo. Una amarga filosofía, “un pensamiento triste que se baila” (2) que supo aunar todas las idiosincrasias inmigrantes en un ritmo de 2 x 4.

Creado por europeos para esa nueva Argentina, el tango tuvo una voz nacida en el Langue d’Oc francés que jerarquizó el cantar del Buenos Aires suburbano y lo presentó en los escenarios más distinguidos y selectos.

Carlos Gardel fue un vocero de aquella sociedad de nuestros antepasados recientes; un cronista de la cotidianeidad no registrada por la Historia; un prototipo de aquella generación que legaría a las subsiguientes una identidad de disímiles y lejanas raíces.

Si ser independientes significa “ser nosotros mismos” debemos saber quiénes somos. Mirar hacia atrás para comprender nuestra esencia, hacia un “atrás” que muestre el verdadero sentir de un pueblo que nació gringo y murió argentino, que trocó en arte su desarraigo y la tristeza que sorprendió a Kayserling; el existencialismo que estudió Jean-Paul Sartre y expresó los sinsabores en rítmicos cortes y quebradas que seducen al mundo entero.

“La música que se escribe es producto del medio ambiente. Responde a una necesidad social que se siente (…) El compositor recoge en sí mismo el sentimiento (…) y lo que de él emana no es sino la feliz interpretación del sentimiento popular” (3).

La expresión popular es, sin dudas, una página insoslayable de nuestro patrimonio  histórico y merece por tanto un lugar de privilegio en nuestra cultura. Tanto, que el exquisito Jorge Luis Borges reconoció alguna vez que “la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en La urna de Banchs o en Luz de provincia de Mastronardi sino en las piezas imperfectas y humanas que se atesoran en El alma que canta(4).

Por eso, en homenaje a aquellos hacedores de nuestro mensaje hecho canción, en este mes de Julio adherimos a los festejos conmemorativos por el aniversario de las fechas patrias de Argentina y Francia, aunando ambas circunstancias el lunes 14. Próximas al monumento a Carlos Gardel flameará la bandera gala en reconocimiento a su valioso legado (5)  y la celeste y blanca que representa nuestra peculiar idiosincrasia. No ha de ser, sin embargo, una más de las tantas que hemos visto en los últimos meses. Será un nuevo grito, no “de Alcorta”, sino de reclamo por una soberanía cultural, base de todas las libertades y de todos los crecimientos.

“Vox populi, vox dei” (6)

Sabemos quiénes somos por las voces populares que denuncian, se rebelan, desafían. Gringos con sentir de criollos –poetas, cantores (y chacareros)- que revalorizan los ideales de aquellos hombres de la Gesta de 1816 que soñaron con una Independencia que aún debemos alcanzar.



 Ana Turón
(Nuevo Centro Carlos Gardel del Azul)
Artículo publicado en los diarios "El Tiempo"  y "Pregón" de Azul, en  julio de 2008

NOTAS:

(1) El reclamo de mejoras en los contratos de arrendamiento y trabajo por parte de los agricultores dio lugar a que el 25 de junio de 1912 se desatara una huelga en la Sociedad Italiana de Alcorta (Prov. De Santa Fe) que rápidamente se propagaría a diversas localidades y que derivó en la inmediata fundación de la Federación Agraria Argentina.

(2) Definición de Enrique Santos Discépolo, en muchas oportunidades citada incorrectamente como “ un pensamiento triste…”

(3) Declaraciones de Gardel al “Mensajero Paramount” (publicación que la compañía filmadora distribuía en España y América Latina) en 1935. Existen diversas transcripciones del mismo reportaje que suelen presentar leves variantes que no inciden en el contenido de lo expresado por el Cantor. Posiblemente las mismas obedezcan a que el original se escribiera en versión taquigráfica.

(4) J.L. Borges. “La Historia del Tango” en “Evaristo Carriego”. 2da. Edición. Bs. As., Emecé.

(5) En 1901 había 94.000 franceses en nuestro país, cifra sólo superada mundialmente por los 104.000 que habían emigrado a los Estados Unidos. En 1912, sobre 138.000 franceses radicados en América del Sur, 100.000 se encontraban en la Argentina. (Julián y Osvaldo Barsky. “Gardel: La Biografía”. Ed. Taurus. Bs. As., 2004)

(6) La voz del pueblo es la voz de Dios.