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Gardel en el "Antonio Delfino" (1923)




ste navío de 152,3 metros de eslora y 13.589 toneladas fue construido en 1921 en Hamburgo y unía esta ciudad con el Río de la Plata; su velocidad era de 13 nudos y podía transportar a 184 pasajeros en primera clase, 334 en segunda y 1.368 en tercera.

Inició su viaje inaugural el 16 de marzo de 1922 zarpando de la mencionada ciudad de Hamburgo ; el 21, al salir de Vigo (España) donde había cumplido su escala, el Comandante Johannes Kröger y Richard Krogmann en nombre de los pasajeros, enviaron el siguiente telegrama a don Antonio Delfino, agente marítimo de Buenos Aires en cuyo homenaje se había bautizado al transatlántico:  "El Antonio Delfino hace honor a su nombre. Soberbio buque. Todos los pasajeros salúdanle". El telegrama llegó a las oficinas el día 22, tres horas después del deceso del destinatario. Al tomar conocimiento, desde altamar respondieron: "Dolorosamente sorprendidos por fallecimiento de su digno jefe, los pasajeros, capitán, oficiales y tripulación del vapor, cuyo nombre perpetuará su memoria, les expresan sentidas condolencias. Comandante Kröger".


Entre 1922 y 1932 el barco llevó los colores de la « Hamburg Sud American Line », antes de ser arrendado durante dos años por la « North American Lloyd » y rebautizado como « Sierra Nevada ».
En 1934 retomó su nombre de origen y continuó sus actividades hasta 1940. Durante la Guerra fue utilizado por la marina alemana para trasladar a su personal al puerto de Kiel y en 1943 fue tranferido a Gdynia -cerca de Gdansk, Polonia-, donde sirvió como navío almirante comandando a los submarinos.
En mayo de 1945, cuando venía de evacuar 20.500 refugiados de los territoios del Este de Alemania hacia el Oeste -pese a la amenaza de la marina soviética- fue tomado por los británicos en Copenhague y afectado a los transportes de tropas  para ser destinado luego a la compañía británica « Anchor Line » bajo el nombre de « Empire Halladale ».
Finalmente, fue desguazado en 1955 en Dalmuir, Escocia.






























Carlos Gardel utilizó sus servicios en 1923, cuando por gestiones del empresario « Paco » Delgado debió actuar en Madrid y luego se trasladó a Toulouse, donde se encontraba su madre. Las gestiones habían comenzado en el mes de marzo, según lo informado por el diario "La Razón" del día 13: "El empresario don Francisco Delgado, que anoche partió para Montevideo, por asuntos de su profesión,, ha obtenido el concurso de los cantores criollos, señores Carlos Gardel y José Razzano, para la gira que la compañía Rivera-De Rosas hará por España a partir de setiembre u octubre próximos. El dúo proyectaba por su cuenta este viaje, sabiendo del buen éxito que alcanza en la península la canción criolla. Sin disputa alguna, si algún intérprete de nuestro cancionero autóctono, más que criollo, porteño o bonaerense, puede dar una impresión exacta de sus modalidades típicas a públicos extranjeros, esos intérpretes lo son los señores Gardel y Razzano, los primeros, con la señorita Linda Thelma, que trataron de utilizar ese cancionero como motivo de espectáculo y para difundirlo. 
El dúo en cuestión se vincula a la empresa Delgado comprometiéndose no sólo a llenar los 'fin de fiestas' de los espectáculos,  sino también a intervenir en números camperos que contengan las obras que la compañía represente".
El mayo Gardel obtuvo la carta de ciudadanía argentina que le permitió gestionar su pasaporte y el 30 de junio se firmó el contrato para la actuación en España.

La actuación de Gardel en la película "Flor de Durazno" y participaciones menores como extra en teatros llevó a evaluar la posibillidad de que se desempeñara como actor, según lo informado por el mencionado diario "La Razón" en su edición del 23 de octubre: "El cantor criollo, señor Carlos Gardel, compañero de Razzano, ha resuelto participar en el reparto de algunas de las comedias que pondrá en escena la compañía Rivera-De Rosas, tomando a su cargo papeles en los que pueda lucir sus habilidades. Su debut lo hará, posiblemente, con El Distinguido Ciudadano". Pese a este anuncio, no hay indicios documentales ni testimoniales para afirmar que Gardel haya actuado en esa oportunidad. 

José Razzano, su compañero de dúo, recordaría años más tarde las expectativas de los jóvenes artistas en este primer viaje a Europa no sólo en la faz artística sino que Gardel, que había nacido en Francia, iba hacia allí no como el que regresa a su patria, sino como quien, por sana curiosidad, se acerca después de muchos años a buscar entre el hogar preciso el vestigio amable que atraiga el recuerdo más recóndito, grabado en el cerebro infantil, con detalles de juegos y colores de añoranzas.


Acompañados por José Ricardo y Guillermo Barbieri (guitarristas), Eduardo Bonessi (maestro de canto), Mariano Alcalde (valet del dúo) y Luis Gaspar Pierotti (manager en Europa), el jueves 15 de noviembre de 1923 a las 10 :00 embarcaron en la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires. No se conocen fotos ni artículos periodísticos con detalles de esa mañana pero Isabel del Valle -novia de Gardel- recordó que fue a despedirlo,  seguramente en compañía de la esposa de Razzano y familiares de los otros viajeros cuyos testimonios no se conservaron. En cambio, se ha rescatado del olvido un folleto de 34 páginas prolijamente impreso con listado de pasajeros, reglamento, itinerario, tripulación e información de la Compañía de gran utilidad para este trabajo.




Aunque en el listado de pasajeros figuren como embarcados en Buenos Aires, durante la escala realizada ese mismo día en Montevideo se sumó la compañía teatral encabezada por Matilde Rivera y Enrique De Rosas [1] y el periodista Venancio Serrano Clavero, quien habría conocido a Gardel y Razzano hacia 1917 y en cuyas Crónicas de a bordo, enviadas a “El Diario Español” del que era corresponsal, expresó:
“No encuentro sobre cubierta ninguna cara que me sea conocida, detalle que viene a poner en mi ánimo una nueva desazón. Más triste que la soledad de dos en compañía, es la de uno entre mil...
Afortunadamente, hay una providencia que vela por los peregrinos. Cuando más solo que un hongo, contemplo esta agua sucia por donde boga tranquilamente el Antonio Delfino... una mano se posa en mi hombro, al propio tiempo que una voz regocijada exclama a mi espalda: -¡Salud, poeta!
Es quien menos podía imaginarme: el popular estilista criollo Razzano, con su compañero Gardel, dos muchachos buenos y alegres, que con la guitarra en la mano han sabido elevar la sencillez del canto pampero a la categoría de arte selecto y victorioso”.
A los pocos días de navegación soy presentado a tres argentinos ilustres que se dirigen a Europa en misión de estudio: Trátase de los doctores Enrique Ruiz Guiñazú [2], Eduardo V. Mariño y Enrique Finochietto. Son tres hombres que honran el pabellón universitario de la Argentina...”.
Antes de cruzar el Atlántico el barco hizo dos escalas en Brasil: El lunes 19 de noviembre, luego de 3 días y 23 horas de viaje, llegó a Santos donde desembarcaron 48 pasajeros y el Comandante Kröger declaró que llevaba 7.996 toneladas y una tripulación de 239 personas.




Durante la escala realizada al día siguiente (martes 20) en Río de Janeiro, los pasajeros participaron de una excursión que quedó documentada en una serie de fotografías tomadas en Praia do Leme.




Durante ese viaje Gardel trabó amistad con Elsa Braga, según consta en una carta que le enviara diez años más tarde [3]:



São Paulo, 24 de noviembre de 1933

Carlos:

Nunca es tarde cuando uno se recuerda… Antonio Delfino, un encantador viaje. 1923, Paris Hotel, Sarmiento y Florida, 1925… La Brasilerita, Ñatita… ¿se acuerda usted todavía de mí? No lo creo… Yo nunca he olvidado.

Mis felicitaciones por su éxito Espérame. Sería muy amable en contestarme pronto. La que sigue siendo su admiradora, 


Elsita.

PS: Puede escribir para:
Rua Salvador Leme, 14. São Paulo, Brasil. Senhorita Elsa Braga



La carta pareciera indicar que compartieron al menos un tramo del viaje (Buenos Aires-Brasil?) pero el nombre de la firmante no se encuentra entre la lista de pasajeros por cuanto presumimos que pudieron conocerse durante una de las escalas. 

Hoy, que han transcurrido tantos años desde entonces, conservo todavía, detalle por detalle, cada una de las muchas cosas que hicimos para divertirnos aquella vez -recordaría luego José Razzano- en concordancia con el testimonio de Eduardo Bonessi: Casi lo volvió loco al capitán del barco, un alemán de enorme estatura, haciéndole alusión a sus anchos pantalones a cada rato. Gardel le decía ‘¡Qué lindos leones que usa, Capitán!’ El marino no entendía la ‘cachada’.

Una de esas inolvidables travesuras consistió en violar el primer punto del reglamento, presentado en alemán, español y portugués, que establecía el horario del desayuno entre las 7:30 y las 9:30 y el de la cena a las 19:30, ambos imposibles de respetar por la embajada artística.




Con su proverbial simpatía, Gardel expresó al Capitán el deseo de cenar a la madrugada, tal como acostumbraban a hacerlo en Buenos Aires. Ante la insistencia, Herr Kröger decidió estar presente cuando los jóvenes cantores devoraran bifes con papas a las tres de la mañana para convencerse de que no se trataba de una broma. Lógicamente, debieron destinar suculentas propinas al personal de cocina y camareros que los satisfacían fuera de sus horarios habituales.

José Razzano recordó este viaje a través de la pluma de Francisco García Jiménez






Claro que estas cenas tardías no invalidaban otras comidas, máxime considerando que Gardel no acostumbraba almorzar; una carta que Ricardo De Rosas –hermano de Enrique- enviara al periodista Chas de Cruz refiere la siguiente anécdota: Gardel estaba ‘pasado de kilos’ y alguien le aconsejó, como medio de bajar de peso, limitarse en las comidas y caminar un par de horas después del almuerzo y otro tanto después de la cena… Yo, que pesaba por ese entonces 55 kilos, fui elegido por Gardel para acompañarlo en sus circulares paseos por la amplia cubierta… Finalizaban esas caminatas (en las que yo quedaba sin aliento, debido al tren violento que Carlos les imprimía) con la llegada del camarero, que hacía una seña a mi compañero de penurias… Gardel abandonaba el paseo, diciéndome:
-Chau, flaco, me voy a dar una ducha.
Cosa curiosa… yo no bajaba de peso  porque no tenía un gramo que perder… y Carlitos se mantenía en su peso… o hasta aumentaba de kilos… Yo no daba más, y era a la fuerza que el cantor me sacaba de la mesa para hacer la ‘maratón’ del barco… Casi al final del viaje se me ocurrió visitar a Carlos a poco de haber abandonado él la cubierta… Descontando que estaba en el baño, abrí la puerta sin golpear… y, cuál no sería mi sorpresa al ver a mi amigo sentado frente a una mesa opípara, en la que no faltaba una buena botella de champagne helado.
Gardel me miró, un tanto cortado, pero se repuso enseguida… Su sentido del humor, su condición de buen muchacho se impusieron, y con tono de chico pescado en falta, me dijo:
-Sentate… Tomá una copa de champagne.
Lo obedecí, y me desaté en improperios: 
-Yo largando los bofes por vos… y vos comiendo así… Me parece que has entendido mal el régimen que te han dado… Yo creo que tenés que comer primero y caminar después… y no comer después de caminar…
- Sí –me dijo con su clásica sonrisa- pero hoy tengo un día atravesado y todo me sale al revés…”

Razzano también recordaba que Gardel, pasada la medianoche y acalladas las fiestas y risas en que se había convertido el barco con tripulación y pasaje inclusive, por causa nuestra, solía apoyarse en la borda y mirar muy fijo la blancuzca estela que se abría a proa y quedarse, en actitud estática, largas horas… Esta imagen refuerza a los testimonios que lo recuerdan en la costanera, con la mirada fija en la inmensidad del Río de la Plata, mostrándonos una persona reflexiva y profunda, lejos del joven inconsciente y alocado que  tantas veces suele describirse.

El domingo 25 de noviembre, al cruzar el Ecuador, se celebró la tradicional fiesta en la que Gardel, por su boca grande y apetito voraz, fue bautizado con el apodo de « Sábalo » y Razzano con el de « Bagre », mientras arrojaban botellas al mar con mensajes. Durante la fiesta, Venancio Serrano Clavero sufrió una accidental lesión de muñeca con pronóstico leve que requirió la atención de los Dres. Finochietto y Mariño.




Esta fotografía, tomada durante la mencionada celebración, confirma la presunción de que el episodio que sitúa a Gardel vestido de gaucho cebando mate al Dr. Finochietto [4] debió suceder en altamar -y no en Madrid-, ya que el cirujano prosiguió viaje en compañía del Dr. Mariño y el 9 de diciembre ambos desembarcaron en Hamburgo para concurrir a un congreso médico.

El jueves 29 de noviembre, cerca de las Canarias, el doctor Finochietto invitó a sus amigos Dr. Mariño, Rivera-De Rosas, Gardel-Razzano, Serrano Clavero, María Esther Lerena, Luis Pierotti y Pancho Aranaz a una comida en su camarote y en el mismo barco se imprimió el menú que ofrecía a sus invitados:

Perdices en escabeche
Sopa Mockturtle (“sopa falsa de tortugas”)
Salchicha fresca a la Nuremberg con huevos al plato y papas fritas
Churrasco con ensalada argentina
Helado de moka
Queso – fruta
Cigarros

Al desplegar la carta, una poesía improvisada y recitada por el vate español Sr. Serrano Clavero” titulada “el soviet de los tragones”, con una humorística descripción de aquella velada:


Mi buen doctor Finochietto :
El « soviet » reconocido
Te saluda con respeto.
Nada hay más agradecido
Que un estómago repleto
En tu lindo camarote
Nos has dado de comer
Y es justo que un ¡hurra ! brote
De lo hondo de nuestro ser
Que es un ser de… cachalote.
Yo he sorprendido en De Rosas
Unas miradas furiosas
Porque el bife era pequeño.
Panchito, tragando cosas,
Negó que « la vida es sueño ».
He visto al joven Gardel
Tragando como un lebrel
Cuanto llegaba a su mano
Mientras gozaba Razzano
Viéndolo gozar a él .
Y vi a Pierotti atracar
Al programa culinario,
Devorando sin hablar ;
Que el deber de un empresario
Es, ante todo, tragar…
Con su acostumbrado aliño
He visto al doctor Mariño
Tragar sin tregua ni miedo,
Pidiendo al final un niño,
Un niño asado al spiedo…
Y yo como buen poeta
Del país de la peseta
He tragado mucho y bien,
Y a punto estuve también
De tragar la servilleta.
Todos, pues te agradecemos
Este acto de nutrición,
Y pues todos conocemos
Tus méritos, te ofrecemos
Nuestro amigo corazón.
De estas mujeres hermosas
No es necesario que explique
Las impresiones dichosas.
Aunque se enfurezca Enrique
Ellas aquí son las… « rosas ».
Del bisturí la hoja fina
En tu mano se encamina
En busca de nueva gloria.
¡Que vuelvas con la victoria
Para honor de la Argentina !



























En el Ecuador, 29 de noviembre de 1923





Foto de Venancio Serrano Clavero, en cuyo reverso escribió :
« Comida con que el Dr. Finochietto obsequió el 29 Noviembre a sus amigos en aquel gran camarote de lujo que tanto os gustó.
Derechos, de izquierda a derecha: Razzano, Pierotti, Serrano, Dr. Eduardo Mariño [5], Panchito Aranaz [6]  y Gardel.
Sentados : Enrique De Rosas [7], María esther Lerena (protagonista de la película « Milonguita ») [8], Matilde Rivera [9] y Dr. Enrique Finochietto »









Durante el viaje Eduardo Bonessi ejecutó en su armonio un tango que había compuesto en 1912 pero no había tenido éxito. Gardel, atraído por la melodía que le permitía lucir sus dotes vocales, solicitó a Domingo Gallicchio –secretario de la compañía Rivera-De Rosas-, que le pusiera letra. Así quedó compuesto el tango con versos nacidos en altamar y aunque no se conocen testimonios, fue ensayado y estrenado en el “Antonio Delfino” en rueda de camaradería. Días más tarde, Gardel lo cantó en Madrid y lo llevó al disco en 1924 [10] y en 1930 [11]:


De Flor en Flor

Cabecita loca, tu recuerdo me provoca.
Te ahogabas en mis brazos,
Quisiste libertad
Y en tu desvarío
Vuelas hoy a tu albedrío,
Brindándote a los hombres
Que luego se hartarán;
Rindiéndote a sus plantas
Te hará una de tantas
Tu ciego afán.
¡Ay, pobre mariposa,
Que vas de flor en flor,
Pudiéndote arrullar
En el nidito de mi amor!


Hoy que mi alma con pavor vislumbra
La gran tragedia
De tu final,
En la misma llama que te alumbra
Tus pobres alas se habrán de quemar,
Y entonces abatida,
Oh cabecita loca,
Pretendes que la herida
La cierre con mi boca.
Yo te lo juro por los sueños fracasados,
Por mis tormentos, por mis noches de dolor,
Que en el espasmo de mis besos afiebrados
Yo dejaré sellados
Con bárbaro terror
Los pecadores labios tuyos, son helados
Por querer libar de flor en flor.



Isabel Del Valle recibió una carta de Gardel escrita desde el « Antonio Delfino » que lamentablemente no se conserva, pero posiblemente haya formado parte de un paquete epistolar junto con la de Francisco Aranaz y José Razzano (a Armando Deferrari), escritas el 4 de diciembre en las costas de Lisboa.

 

Escribe Aranaz : « Querido Gordo : Estamos en viaje. Nos hallamos anclados frente a Lisboa. Estamos en tren [12] con varios amigos: el célebre médico argentino Finochietto, el ídem ídem Mariño y Carlos Gardel, José Razzano y el que suscribe. Por todos ellos va un cariñoso saludo de este viejo amigo tuyo que, aunque lejos, no te olvida… »

Por su parte, José Razzano comienza así : « Querido Armando : Estamos en este momento fondeados frente a Lisboa, no puedes imaginarte las maravillas de este viaje. Hablé con Pancho [13] de vos, de Alfredo [14] y Ernesto [15] y quise escribirte al instante. Desde Madrid te escribiré largo. Sólo deseo que al recibo de estos renglones esté, tu mamá que tanto adoras, bien, lo mismo tu familia, tu señora y el hijo querido… »


Tal como estaba previsto, el miércoles 5 de diciembre desembarcaron en Vigo, donde los esperaba el cónsul argentino Agustín Remón, quien les ofreció un banquete a base de pescado que quedó en la memoria del joven que tuvo a su cargo la tarea :

-Yo trabajaba en esos tiempos de ayudante de cocina en la taberna del puerto. Recuerdo que una noche de invierno el comedor de la taberna estaba casi desierto. Don José, el propietario de la casa, llegó como un rayo a la cocina diciendo a su esposa :
-¡A ver, mujer ! ¡Han llegado unos señoritos americanos, de la Argentina, y quieren comer diez platos diferentes de pescado.
La esposa lo miró asombrada y preguntó
-¿Diez platos ?
Don José replicó :  
-Sí mujer, diez platos. Ponte a la cocina y prepara sardinas, centollas, mejillones, cigalas, percebes, vieiras, corvina frita, bacalao con papas, pulpo en salsa y atún. Creo que con eso será suficiente.
La mujer inició su tarea y Don José comentó :
-El que está sentado de frente es el señor Cónsul argentino.
La mujer miró y dijo :
-Don Agustín Remón.
-El mismo que viste y calza - continuó Don José – Los señores que le acompañan son cantores argentinos, uno de ellos se llama Gardel y el otro Razzano, vienen para dar función en un teatro de Madrid y han elegido nuestra casa para cenar la primera noche de su estadía en España.

El orgullo comercial de Don José no tenía límites. Yo pelaba papas en un rincón y escuchaba todo en silencio, y fue entonces cuando el patrón me miró fijamente y me dijo :
-A ver, rapaz, deja de pelar patatas que ya hay suficientes. Quita ese delantal y coge la chaqueta nueva de Manuel. Quiero que tiendas la mesa a esos señores. ¡Andando, borrico, apúrate !

Salí corriendo a cumplir la orden. En mi condición de ayudante de cocina, era un honor convertirme en alguien que sirviera la mesa de tan importantes señores. Tendí la mesa en silencio, sin dejar de observarlos y por supuesto escuchaba atentamente sus conversaciones. Hablaban de Buenos Aires, la maravillosa ciudad a la que casi todos los gallegos partían y como decía mi abuela : ‘Buena ciudad puede ser, porque los que se marchan se olvidan de volver…’ Enseguida supe quién era Gardel, un mozo elegante y bien parecido, de tez algo morena y de ojos vivaces grandes y negros. Hablaba siempre con una sonrisa en los labios, derrochaba buen gusto y simpatía a raudales.

Los diez platos fueron desfilando por la mesa uno a uno, rociados con vino del ribeiro y acompañados por hogazas de broa. Cuando llegó el momento de servirles el café, me animé a decirles algo :
-¿Los señores vienen de Buenos Aires para cantar en Madrid ?
Gardel me miró sonriente y me afirmó en un gesto de simpatía
-Así es, pibe, venimos de Buenos Aires y, si nos dejan, cantaremos.
-Yo también sé cantar, afirmé con audacia y soltura.
Gardel dijo 
-Salute Garibaldi, ya tenemos competencia !... Y decime, pibe, por qué no cantás algo mientras tomamos el café ?

Audaz como todo muchacho joven, entoné a voz en cuello algunas estrofas de canciones populares gallegas. El dueño de la taberna me miraba iracundo desde un rincón del salón. El final de mi canto fue saludado con calurosos aplausos. Gardel estiró su mano y palmeó mi espalda. Había ganado yo una batalla ! Animado, tomé fuerzas y les dije :
-¿Y ahora, por qué no cantan ustedes ? ¡Cuánto me gustaría saber cómo lo hacen en Buenos Aires !
A mi pedido no se hicieron rogar, abrieron los estuches y templaron sus guitarras. La taberna que antes estaba casi vacía comenzó a llenarse de gente, hasta recuerdo que el guardia del puerto estaba allí, mirando todo con curiosidad.
El dúo cantó varias canciones, también lo hizo Gardel solo. Cada interpretación fue saludada con clamorosos aplausos. Los espectadores ocasionales empezaron a pedir vino y el gesto adusto de don José se convirtió en una sonrisa al ver que mi audacia contribuía a aumentar las ventas. En determinado momento el Cónsul argentino le dijo a Gardel :
-No te olvides, Carlos, que mañana salen temprano para Madrid.
-De acuerdo, Agustín. Cantamos la última y nos vamos.

Y la última, como las anteriores, fue rubricada con un caluroso aplauso y un sinnúmero de aprobaciones por el casi centenar de personas que rodeaban la mesa. Al retirarse Carlos Gardel intentó pagar. Don José se adelantó diciendo que nada se debía, que era una atención de la casa en homenaje a los cantores argentinos. Gardel aceptó sin discutir, puso su mano en el bolsillo y me ofreció un puñado de pesetas como propina, la mirada de Don José cortó el aire y contra mi voluntad me obligó a rechazarlas.
Cuando salían, Gardel me gritó desde la puerta :
-Tomá, pibe –ofreciéndome una servilleta plegada- me la llevaba de recuerdo.
Corrí a su lado y al entregarme la servilleta me dijo por lo bajo :
-Abrí con cuidado la servilleta cuando no te vea el patrón, y si te alcanza comprate una guitarra. ¡Chau ! y gracias por todo.

Cuando estuve solo desplegué con cuidado la servilleta y mi asombro fue mayúsculo al encontrar doscientas pesetas ! Con ellas me compré una guitarra y una gaita. La guitarra no pude aprender a tocarla nunca, pero la gaita al menos sé hacerla sonar. Es esta misma –dijo mostrando la pequeña gaita- y sin más prólogo, de pie en el centro de la rueda, comenzó a soplar y como por arte de magia comenzaron a llenar el ambiente las melodías de ‘Caminito’, ‘Un placer’, ‘Mano a mano’, ‘desde el alma’, ‘La cumparsita’ y otros éxitos populares de la musa porteña.   

También para nuestro cantor aquella fue una noche que jamás olvidaría. Tanto que, aunque transcurridos los años, cada vez que comía pescado solía decirle a Razzano:
-¿Te acordás del banquete que nos dio Remón en Vigo?



Ana Turón  
Azul (Bs. As., Argentina), 5 de abril de 2018 



FUENTES DE CONSULTA :
DEL GRECO, Orlando : Carlos Gardel y los autores de sus canciones. Ed. Akian, 1990
FLORES MONTENEGRO, Rafael : Carlos Gardel. La Voz del Tango. Ed. Fabro, 2016
GARCÍA JIMÉNEZ, Francisco : Vida de Carlos Gardel contada por José Razzano. Ed. Latino Americana S.A. México, 1953
MORENA, Miguel Ángel : Historia Artística de Carlos Gardel. Estudio Cronológico. Edición Definitiva. Ed. Corregidor, Bs. As., 2008
MUSEO DEL LIBRO « GARDEL Y SU TIEMPO » : Material de Archivo.
PELUSO, Hamlet – VISCONTI, Eduardo. Gardel y la Prensa Después de su Muerte. Ed. Corregidor, 2014





NOTAS :

[1] Integrada por Eugenia y Leonor Álvarez, Milagros De la Vega, Adela Jiménez, Herminia Mancini, Carlota Rossi, Carmen Mendez, Pancho Aranaz, Carlos Bellucci, Gerardo Blanco, Juan Echeverría, Mario Fernández, Juan Jiménez, Ángel Marañón, Carlos Perelli, Ricardo Rossi y Ernesto Ruiz entre otros.

[2] El Dr. Ruiz Guiñazú viajaba con su familia y con destino a Rotterdam, donde desembarcaron el 8 de diciembre.

[3] Cuando fue escrita Gardel se encontraba en Europa y nunca más regresaría a la Argentina, pero seguramente esta carta formó parte de los envíos que Armando Defino le realizaba periódicamente con las novedades porteñas.

[4] El Dr. Finochietto refirió que ésta había sido « una de las más valiosas compensaciones » que había recibido en su vida, pero el artículo fue publicado por la revista « Cantando » con posterioridad a su fallecimiento, por cuanto resulta comprensible el error de interpretación por parte del periodista.

[5] Profesor de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, especialista en diabetes.

[6] Actor, pianista y director de origen cubano y radicado en Argentina.

[7] Actor de dilatada trayectoria (protagonizará junto a Gardel en 1935 el film « Tango Bar »), cuyo verdadero nombre era Dionisio Russo)

[9] Actriz, esposa de Enrique de Rosas

[10] Matriz N° 1812 (sistema acústico, Bs. As.), con las guitarras de José Ricardo y Guillermo Barbieri

[11] El 22 de mayo de 1930, Matriz N° 5618 (sistema eléctrico, Bs. As.) con las guitarras de Barbieri, Aguilar y Riverol

[12] Nótese la broma al referirse al barco

[13] Se refiere a Francisco Aranaz

[14] Se refiere a Alfredo Deferrari, hermano de Armando

[15] Se refiere a Ernesto Laurent.