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“KUINDÓS” el aristócrata que peleó con Gardel

 

 




ntre los protagonistas de “Luces de Buenos Aires” se destaca “Kuindós”, abogado llamado Manuel Álvarez de Quindos y Gonzáles de Castejón que pertenecía a una aristocrática familia española: Hijo del Ministro Diplomático y Conde de Chacón, hermano del Marqués de Casa Saltillo, sobrino del Duque Viudo de Bailen (Grande de España), del Conde de Aybar, del Marqués de Vadillo y de la Marquesa de Valdecañas.

Su primera aproximación al séptimo arte tuvo lugar en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual de París y luego trabó relación en Munich con importantes figuras que lo alentaron a la actuación. También fue productor e integrante de la Comisión Organizadora del Congreso Hispanoamericano de Cinematografía.


Sus conocimientos de inglés, francés y alemán le permitieron conocer estudios de filmación de París, Londres y Berlín, donde se interiorizó de pormenores relacionados con la iluminación, efectos especiales, maquillaje y técnicas actorales.


Trabajó en el cine mudo (“Esperanza o La Presa del Diablo”, 1927; “La copla andaluza”, 1929; “Cuarenta y ocho pesetas de taxi", 1930; y "Prim", 1931) y en el sonoro “La chute dans le bonheur”[1] (y en su versión alemana "Kopfüber ins Glück") y “Un caballero de frac”.

 

En “Luces de Buenos Aires” encarnó el rol de Villamil, antipático empresario que pretendía seducir a una joven campesina, motivo por el que debió enfrentarse a “Anselmo” (Gardel).

La escena que preveía un mero forcejeo finalmente requirió la intervención de Pedro Quartucci, quien recordaba que Kuindós “hacía cualquier cosa por ‘comerse’ un primer plano … tuvimos que hacer once veces una escena … cuando llegaba el momento de filmar … se ponía de manera que la cámara lo tomara a él en primer plano…”

“Carlitos rezongaba y por lo bajo, le sugería a Quartucci: 

-vos, que fuiste boxeador… ¿Por qué no le das un mamporro?…

-¡Cámara!... ¡Acción!...

El otro no tuvo tiempo para nada; largó el revólver y el empujón de Quartucci lo mandó sobre Gardel que, rápido, lo ‘restó’ con un sopapo de manera tal que la escena tuvo un impresionante realismo y ya no fue necesario repetirla. Después, Gardel se lamentaba:

-¡Pobre tipo, che! ¿No le habré pegado fuerte? Es que secó tanto…

-Vamos… Nada. Ni mencionarlo. Ha estado usted excelente. Parecía que quería usted matarme con ese trompis… la reacción lógica del personaje.

La anécdota fue referida en diversas oportunidades, a veces agregando el consejo de Pedro Quartucci a Gardel: “péguele de verdad y fuerte en el mentón”, le habría dicho[2]… y el cantor obedeció.

  

"La Unión Ilustrada", 1930





















Cuando le preguntaron si estaba satisfecho con el resultado de su trabajo, Kuindós respondió:

Me conozco demasiado a mí mismo para hacerme ilusiones; en cambio, del éxito de la película sí lo estoy. Mi mayor satisfacción fue cuando aplaudieron a mis compañeros, sobre todo a Carlos Gardel y a Jorge Infantes. Las temporadas que pasé en los estudios cinematográficos extranjeros me dieron la suficiente teoría y práctica para augurar, sin temor a error, en la excelente realización de esta película, debida al experto director Adelqui Millar. (copia textual)

 

En cambio, su experiencia no había sido tan agradable detrás de las cámaras:

"Crónica", 5 de julio de 1931
 «Kuindós» acaba de llegar de París. Y dice cosas muy interesantes. Los españoles son tratados como parias. El artista está siempre en manos de los productores, porque las cláusulas de los contratos son «tenebrosas». Las horas de trabajo extraordinarias no se les abonan. Un «bloque», que capitanea Carlos San Martín, hace la guerra a muerte a los artistas de España. Frente a éste está el «bloque» que tiene por jefe a Adelqui Millar. Total, que aquello está dividido en dos bandos que procuran por todos los medios anularse el uno al otro.

«Kuindós» cuenta y no acaba. A él le han «pisado» papeles; le han borrado de los repartos; han quitado su nombre de las gacetillas de publicidad y de los pies de las fotografías. Lo han querido hundir, en una palabra. Y de la cantidad que ha cobrado, ha tenido que ceder un crecido tanto por ciento al señor que le proporcionó el contrato; otro tanto por ciento, al señor que le presentó al anterior; otro tanto por ciento, para que le favorecieran en la propaganda... Casi, casi, ha salido —según él—perdiendo dinero. Estas y otras muchas cosas, a cual más sabrosa, nos dice «Kuindós», para que se haga pública su protesta. Y como él asume la responsabilidad de sus afirmaciones, nosotros le complacemos con mucho gusto.

 

 

Su participación junto a Gardel fue la última que registró la pantalla. Definida por la prensa española como “perfecta y completa …  se nos revela como un gran actor pues su papel es tal vez el de mayores dificultades de todos ellos y sale airosísimo de su cometido”, motivó un agasajo por parte de amigos y admiradores que tuvo lugar el 11 de enero de 1932 en el restaurante Molinero de Madrid a las dos de la tarde. Las tarjetas costaron diez pesetas y contó con la asistencia de destacadas personalidades.

 
























El 17 de junio de 1932 participó de un banquete en honor al Presidente y Secretario del Congreso Hispanoamericano de Cinematografía Sres. José de Benito y Fernando Viola. A partir de entonces, nunca más la prensa volvió a ocuparse de él. 

El final abrupto de su breve carrera lo sumió en una nebulosa de la que apenas lo rescata el mamporro de Gardel.


Ana Turón

Azul, febrero 16 de 2021





FUENTES CONSULTADAS:

Diarios y Revistas de Madrid:

AHORA (15 de enero de 1932)

CRÓNICA (5 de julio de 1931)

EL SOL (18 de octubre y 5 de diciembre de 1931)

LA UNIÓN ILUSTRADA (23 de febrero de 1930)


Sitios web:

IMBD

"Curiosidades de Luces de Buenos Aires" 

 



[1] Película mencionada por la prensa española de la época, aunque no hay referencias en sitios especializados en cine.

[2] Testimonio de su hijo, el Dr. Ángel Quartucci al coleccionista Walter Piazza, Secretario de la Academia Nacional del Tango, en un encuentro propiciado por la Sra. María Cristina Salinas Urquiza en 2010.