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| Berthe Gardes a los 3 años |
Decidido a iniciar una nueva etapa, el 14 de enero de 1875 el grupo familiar obtuvo los pasaportes para viajar a Venezuela, donde el 11 de febrero de 1876 nació Carlos Carichou (también hijo de “madre desconocida”) y permanecieron hasta 1882, cuando regresaron a Francia.
En Burdeos se instalaron en el N° 32, Rue Prunier, según los censos de 1883 y de 1886; este último registró a Berthe, de 21 años, planchadora, hija de Hélène Camarès, nacida en Toulouse y a Charles Gardés, de 11 años, nacido en América del Sur, hijo natural Hélène y Louis Carichou. Esta lógica alteración del nombre y apellido (traduciendo el nombre Carlos a la lengua de su país de residencia y adoptando el apellido de sus hermanos) generó confusiones y leyendas que unifican a Carlos Carichou (“Charles Gardes” o “Carlito”) con el cantor Carlos Gardel inscripto como “Charles Gardes” en su partida de nacimiento.
En diciembre de 1889 fueron a Toulouse con motivo del juicio de divorcio de Hélène y Vital Gardes que tuvo lugar el 27. Berthe ya tenía 24 años y el regreso a su ciudad natal debió despertarle el natural interés por conocer sus raíces y su identidad, razón por la que no acompañó a su madre a su nueva residencia en Saumur, donde Louis Carichou había sido convocado por razones laborales. En Toulouse, la joven debió intentar restablecer el vínculo con su padre, pero Vital ya había rehecho su vida y estaba pronto a casarse con Marguerite Bezan.
En cambio, fue una buena oportunidad para acercarse a Bruno Marie Barrat -recientemente viudo de su tía Jeanne Pétronille Gardes- y sus primos Marius y Alexandrine, quienes ese año habían sufrido la temprana pérdida de sendas hijitas. En este contexto, la presencia de Berthe renovaría el clima familiar y, además, colaboraría en las tareas del hogar y de la panadería que funcionaba en el mismo domicilio del N° 4 de la calle Canon d’Arcole.
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| Aquí funcionaba el taller de planchado de Mme. Lasserre |
En esa soledad y desamparo, Berthe Gardes ingresó al Hospital de La Grave el 10 de noviembre de 1890 con un cuadro clínico y transcurrió su último mes de embarazo en el nosocomio, donde dio a luz el 11 de diciembre a las 2 de la mañana. Es posible que la salud del bebé fuera precaria, según se deduce de la urgencia del bautismo realizado a tan pocas horas de su nacimiento, con una empleada del Hospital como madrina, sin padrino y sin la presencia de su madre, quien seguramente no se había restablecido. Si bien ambos fueron dados de alta el 26 de diciembre, el 22 Berthe había ido por sus propios medios al Registro Civil para reconocer a su hijo, hecho que refuerza la hipótesis de que no fuera ella quien requiriera atenciones especiales, sino su pequeño Charles.
Berthe recibió el nuevo año ya repuesta de su cuadro clínico y con un hijo en brazos. Paul Lasserre estaba en Toulouse por esos días y se impone una pregunta: ¿habrá conocido a su bebé? Ambas posibles respuestas merecen repudio. Como si nada hubiera pasado, en enero regresó a París y a las fechorías de “la banda de Ternes” que integraba, hasta que un año más tarde fue arrestado junto a sus compañeros.
Esta situación debió avergonzar a la familia Lasserre y también a Berthe, caracterizada por su honradez a lo largo de su vida. Una tradición oral afirma que Jeanne-Marie Blanc la alentó a abandonar Toulouse y la ayudó económicamente, lo que resulta creíble, ya que es posible que se sintiera responsable por la conducta de su hijo hacia su empleada.
Así, el martes 14 de febrero de 1893 embarcó con su niño en el puerto de Pauillac en el vapor “Dom Pedro” con destino a Buenos Aires, donde arribó el 11 de marzo. Nunca olvidó que el viaje fue “intranquilo” y al descender, “me pareció pisar con mala suerte el deseado país, porque a poco de andar se me trabó un pie en uno de los huecos de la armazón de maderas del muelle. Casi ruedo hasta el borde y me voy al agua. Me agarraron providencialmente unos compañeros de travesía que venían al lado… El nene lloraba asustado. Lloraba desconsoladamente. No podía calmarlo. Mal anuncio, ¿eh? pero por suerte no se cumplió.”
Sabía que el camino no era fácil, pero estaba dispuesta a todo. Se estableció en un conventillo de la calle Uruguay 162 y luego se mudó a Corrientes, la calle de los teatros. Esta nueva ubicación le facilitaba la clientela de artistas que permanentemente requerían de sus servicios de planchado. El trabajo era mucho y si bien le permitía mandar a su hijo a un colegio salesiano, también le quitaba tiempo para cuidarlo y observar sus juegos callejeros y amistades. Pero un pequeño grupo de amigas –Anaïs Beaux, Odalie Ducasse, Rosa C. de Franchini- la acompañaba en sus vicisitudes personales y laborales, la asistía en sus dificultades y le daba fuerzas cuando se sentía flaquear.
Su hijo crecía sano, inteligente, curioso y… andariego, lo que no tardó en darle disgustos: En 1904 la policía de Florencio Varela lo detuvo por una “fuga del hogar” propia de todo adolescente y meses después salió a recorrer “el mundo” -provincia de Buenos Aires y Uruguay-, en ruedas de amigos, guitarras y payadores. Tras seis años de ausencia reapareció en su casa como si se hubiera ausentado el día anterior, hecho un hombre, con un sinfín de anécdotas y su sonrisa grandota. Ya era “Carlitos” y su destino, el de cantor.
Era tiempo de disfrutarlo y verlo crecer artísticamente, de recuperar los años perdidos, de fortalecer vínculos. Pero el idilio madre-hijo se vio empañado con una Francia en guerra y la peor de las noticias: el 11 de octubre de 1918 murió su medio hermano Carlos Carichou, en la batalla de El Marne.
Esta nueva pérdida pudo ser el detonante para organizar un viaje apenas se restableciera la paz. Su situación económica se lo permitía y, a partir de ahora, Doña Berta pasaría largas temporadas en su Toulouse natal.
En 1926 cumplió el sueño de todo inmigrante: la casa propia que su Carlitos le compró en el Abasto, donde hoy funciona el Museo Gardel. Aunque ocupada por inquilinos, le otorgaba la seguridad que toda mujer de 36 años necesitaba. Poco después invitó a vivir con ella a su entrañable amiga Anaïs Beaux y su compañero Fortunato Muñiz, retribuyéndoles de este modo la ayuda que había recibido a su llegada, en 1893.Atrás había quedado la plancha a carbón, privaciones y sobresaltos. Su vida transcurría tranquila, en la estabilidad afectiva y económica que merecía, con el valor agregado de los triunfos de su hijo y muestras de cariño de sus admiradores que le llegaban a diario.
En 1934 viajó a Francia por última vez. En octubre su Carlitos fue a visitarla y le hizo escuchar una versión de “Mi Buenos Aires Querido” que por ser de prueba nadie más conoció.
Cuando disfrutaba de su familia y de la posibilidad de comprar una casa en Niza, cuando transitaba una vejez apacible, llegó la noticia inesperada: Carlos había muerto en Colombia. Era el 24 de junio de 1935 y Doña Berta sintió que el mundo se desplomaba sobre ella. Su hermano Jean-Marie no soportó la noticia y días más tarde falleció de un infarto.
Armando Defino, apoderado y amigo de Gardel, viajó a buscarla, respondiendo a su deseo. Regresaron a Buenos Aires en el vapor “Campana” el 12 de agosto de 1935; iniciaron la sucesión y Defino viajó a Colombia para repatriar los restos de las víctimas del accidente que residían en Buenos Aires.
Esas gestiones parecían prolongar la muerte de su hijo, pero a su vez lo reencontraba en el cariño del público, en las anécdotas de sus amigos, en los artículos periodísticos. Ya nada tenía sentido, salvo recordarlo. Su único deseo era descansar junto a él y para eso compró dos lotes en el Cementerio Oeste –“la Chacarita”- y costeó los gastos del mausoleo, teniendo que pagar también lo que habían ofrecido como donaciones.
En 1939 falleció Anaïs, su casi hermana, y Don Fortunato Muñiz abandonó la casa de Jean Jaurès. Para no dejarla sola, el matrimonio Defino se fue a vivir con ella. Transcurría entonces la segunda guerra y se interrumpió definitivamente su correspondencia con Francia.
El 7 de julio de 1943 Dios le concedió el deseo de reencontrarse con su hijo y descansar junto a él en La Chacarita.
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| Interior de la bóveda que guarda los restos de Gardel y su madre |
Ana Turón
Azul, marzo 8 de 2026




